Arquitectura

La estrategia cromática de Le Corbusier

El camuflaje arquitectónico 

La década del 20 se caracteriza por la búsqueda de formas de carácter universal que resulten apropiadas a la nueva era, expresando un vocabulario regido por la geometría y el rigor matemático. Sin embargo, la actitud plástica aplicada a estas obras está gobernada por la competencia adquirida junto a Amadee Ozenfant en el ejercicio de la pintura. El uso del color en arquitectura deviene de esas prácticas, una intención expresada en las formulaciones teóricas publicadas con anterioridad en la revista L’Espirit Nouveau, que resulta la base conceptual de sus posteriores ensayos de policromía.

Le Corbusier experimenta el uso de las “reacciones específicas del color” para favorecer la lectura esperada sobre determinadas partes de un edificio. En la concepción de ese relato, define los azules y los verdes como colores creadores del espacio, que alejan la pared del espectador generando una atmosfera propia. Por el contario, considera los rojos, marrones y naranjas como colores que se aproximan, que fijan la pared en su posición exacta, construyen su dimensión y enfatizan su presencia.

Bajo esas propias directrices actúa en el interior de la Casa La Roche, creando la codificación que dió origen a la definición de espacio elástico formulada por Fernand Leger. Le Corbusier compone el “camuflaje arquitectónico” aplicando una o varias operaciones simultáneas que le permiten ordenar el espacio de acuerdo a sus pretensiones de jerarquía:

–          Para individualizar un elemento específico dentro de un mismo espacio

–          Para acercar o alejar los límites del espacio habitable.

–          Para alterar los sentidos e inducir a la emoción

En el hall, el uso de un color claro complementa la necesidad de ampliar el espacio, una circunstancia favorecida por la espacialidad del vestíbulo, que reconoce las tres alturas del edificio. Esta acción se fortalece con la definición del volumen de la escalera, que se separa del muro como un cuerpo independiente para destacar la profundidad en la prolongación del cielorraso.

En la sala de exposiciones, el color permite independizar los elementos componentes del espacio y los ordena de acuerdo a una jerarquía intencionada. Un color intenso proporciona la lectura exacta de la rampa. Los tonos claros del mueble debajo de la circulación superior apoyan la idea de amplitud. El solado recorta su figura en el ambiente y a la vez el lugar de la mesa se recorta en el solado.

El comedor ratifica sus dimensiones en la intensidad del solado, estableciendo un contraste con los tonos de mayor capacidad lumínica aplicados en las paredes. Por encima, el dormitorio “Purista” identifica solados, muros y cielorrasos en una escala que va del oscuro al blanco.

A diferencia de los ejercicios neoplásticos expresados por Van Doesburg y Van Eesteren ese mismo año, Le Corbusier no usa el color para romper la caja arquitectónica. Lo emplea como el medio que permite identificar nuevos vínculos entre los elementos que componen el espacio.

En la formulación cromática, Le Corbusier enriquece el paseo arquitectónico. Las intensidades variables producen sensaciones cambiantes, ritmos de luz que se distorsionan con el movimiento. El Camuflaje arquitectónico propuesto establece un ejercicio visual que inquiere la emoción y hace del axioma de Le Corbusier un ejercicio perceptivo que promulga la identidad unívoca de su arquitectura.

©Marcelo Gardinetti, 2013

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