Arquitectura

El procedimiento plástico

Secuencia y modelo en Casa Curutchet

Si consideramos la cultura arquitectónica como la relación entre conceptualización teórica y actividad práctica, Le Corbusier resulta ser el máximo exponente entre los maestros del movimiento moderno. Su obra transitó en la convicción del artista hacedor de formas que “per se” mejoran la vida del hombre. Esta obsesión que lo llevó a la búsqueda de un lenguaje que fuera “propio de la era mecanizada”. Partidario de las soluciones genéricas, rescató de la antigüedad clásica valores estéticos básicos en las formas primarias y la geometría, y promulgo principios universales que acompañaron gran parte de su obra.

Su labor arquitectónica en el período de casas “puristas” iniciado con la villa Besnus y consolidado a partir de la Maison La Roche-Jeanneret, sirve a Le Corbusier para afianzar esa depuración. Adepto a elaborar conceptos genéricos, redacto sus “certezas adquiridas”, que luego transformó en las máximas proyectuales que lo acompañaran en casi todas sus obras de entreguerras.

A partir de la década del 30, y fundamentalmente después de la reapertura de su estudio en las postrimerías de la segunda guerra, la obra Corbusierana transitará de la estricta geometría hacia una expresión netamente plástica, cuyo caso paradigmático es la capilla de Ronchamp, obra inmediatamente posterior a la casa Curutchet.

Durante ese período se produce el alejamiento del taller de su primo Pierre Jeanneret, y a pesar que resulta imposible dimensionar de qué manera influyó este acontecimiento sobre los trabajos del estudio, resulta evidente que la obra de Le Corbusier toma una dimensión más “artística”, resultado de una exploración vernácula en busca de una nueva expresión plástica.

A mediados de 1948, cuando acepta elaborar el proyecto de la Casa Curutchet, Le Corbusier era el referente indiscutido de la arquitectura moderna. Había escrito en varios libros las bases de su concepción teórica y presentado ante la opinión pública la mayoría de sus proyectos urbanísticos. Su estudio de 35 Rúe de Sèvres estaba nutrido de jóvenes arquitectos de distintas partes del mundo en busca de una formación post académica.

En ese año, trabajaba en varios proyectos mientras profundizaba en modo casi místico la búsqueda de la esencia de las construcciones vernáculas. Esta búsqueda se refleja en la Casa Curutchet, que eslabona el proceso marcando un punto de inflexión. El diseño incorpora parte de esas investigaciones y se revela ante el repertorio habitual de las villas Corbusieranas. Le Corbusier propone un esquema que puede evaluarse como la articulación correcta de diferentes volúmenes o el resultado de horadar la caja arquitectónica sin que ninguna de las dos opciones puedan desestimarse.

La casa arroga una concepción plástica más intensa que las construidas hasta entonces. el proyecto fue concebido con relaciones espaciales tan complejas que fue necesario cambiar el modo de representación durante el proceso de diseño. Jerzy Soltan, testigo presencial del proyecto Curutchet, menciona en su libro que en etapas muy tempranas del trabajo se comenzó a utilizar un modelo de arcilla. Hasta ese entonces, el estudio solo realizaba modelos para la presentación final del proyecto, pero en este caso, el modelo es un elemento decisorio.

 “Cuando Corbu aceptó el estudio de la casa de Curutchet en La Plata, el capitán del proyecto era un amigo cercano, Roger Aujame: “Territorio del equipo de La Plata-Ajume” se identificaba cerca de mí en el taller. Así podría seguir la evolución de los eventos allí. El proyecto desde un principio se constituyó en un caso típico de modelo líder. El lote era pequeño y estrecho. El plan lógicamente tuvo que recurrir a una organización vertical. Otros triunfos de la planificación fueron la terraza jardín y el brise soleil.

Las complejas relaciones entre los volúmenes en horizontal y en vertical, la rampa vinculando los dos bloques, la terraza de la vivienda por sobre la consulta, el baldaquino que cubre la terraza, se convirtieron en los temas principales del juego espacial. Las relaciones entre llenos y vacíos, ortogonales y oblicuos, fueron muy complejas. Poder desarrollar estas relaciones en papel usando técnicas estándar de proyecto era imposible, especialmente si “en desarrollo” significa algo más que conectar en sentido físico la palabra.

Después de todo, el plan fue concebido de manera sofisticada, a fin de dar oportunidad a un diseño también sofisticado. Ninguna cantidad de imaginación espacial puede comprender la complejidad de algunas relaciones. Menos aún la cualidad visual que infunden esas relaciones. Esta “nueva” cantidad de formas solamente se pueden apreciar en un modelo y no en el dibujo, que se limita solo a la anotación del modelo.”(1)

Esta revelación de Soltan refleja el carácter especial que tuvo el diseño de la casa dentro del estudio. El proceso de diseño desarticulo algunos de los rígidos conceptos formales que habían regido durante su trabajo anterior. En la Casa Curutchet, Le Corbusier se desenvolvió con la libertad proyectual necesaria para componer la obra de arquitectura doméstica de mayor riqueza espacial que había construido hasta entonces.

©Marcelo Gardinetti, 2012

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